✳ Los ejercicios de consciencia de PSYASTROCONSCIENCIA®
PSYKOANS, el gimnasio De la consciencia.
Vas al gimnasio a entrenar el cuerpo. ¿Quién entrena tu consciencia?
Hay cosas de ti que no cambian por leerlas, ni siquiera por entenderlas: cambian cuando las trabajas y las escribes. Empieza por el PSYKOAN de tu arquetipo.
Un PSYKOAN es un ejercicio de consciencia de PSYASTROCONSCIENCIA®. No es un libro que se lee: es una pregunta que el pensamiento no puede cerrar y un Cuaderno para trabajarla en tu propia vida, con nueve ejercicios y un diario.
Casi todos sabemos qué nos pasa y, a menudo, hasta por qué. Y aun así se repite.
No porque nos falte información, sino porque seguimos mirándolo desde el mismo sitio: el marco mental. Una pregunta que la lógica no puede cerrar obliga a ese marco a moverse. Y, cuando cambia el lugar desde el que miras, también puede cambiar lo que ves.
Ese movimiento no se consigue leyendo. Se entrena, como el cuerpo: haces un ejercicio pequeño en una situación real de tu día y, ese mismo día, la escribes. Al escribirla con sentido, vuelves a mirar lo que has vivido y puedes verte en ello.
Ahí comienza la autoconsciencia.
Eso es lo que entrena un PSYKOAN.
No hace falta saber psicología ni astrología: basta con mirar lo que te ocurre y anotarlo.
«Si el miedo no fuera tu enemigo sino tu arquitecto, ¿qué ha construido en ti durante todos estos años?»
Pruébalo: piensa en algo que evitas. Escribe qué aparece.
Por qué se llaman así
PSYKOAN · Los Ejercicios del Rey Salomón · El Camino del Samsara
Homo Conscience SapiensΨ · El gimnasio de la conscienciaLos Ejercicios del Rey Salomón
Los dieciséis libros comparten un mismo nombre, y cada uno añade el suyo y su koan.
Homo Conscience Sapiens
El sello editorial del Instituto y el horizonte del método: el estado hacia el que evoluciona nuestro potencial psíquico. Su emblema es el hombre de Vitruvio.
PSYKOAN
Nace del koan, la pregunta del zen que no se resuelve pensando. Cada libro lleva la suya en la portada, y nadie te explica qué significa: está ahí para que algo en ti mire de otra manera.
Los Ejercicios del Rey Salomón
El apellido común de los dieciséis libros. Salomón, el rey más sabio, abre cada Cuaderno con su historia y da nombre al sexto ejercicio: contar algo que ya haces, sin cambiar nada, y mirar el número.
El Camino del Samsara
El nombre de la colección. Samsara es, en el budismo, la rueda de la existencia: lo que se repite, vida tras vida y día tras día. Todos vivimos en esa rueda y es ahí, viviendo, donde llegamos a ser quienes somos.
Cada PSYKOAN empieza con un gesto y unas escenas. Si una de ellas es tuya, ya estás dentro. La ciencia, las tradiciones y el método llegan después, cuando ya sabes de qué te están hablando.
La teoría se lee. Unos cuarenta minutos en los que primero te reconoces y después entiendes por qué te pasa.
El Cuaderno se hace. Nueve ejercicios que llevas a tu vida de cada día y un diario donde escribirlos, durante el tiempo que tú consideres. Cómo se hace ↓
El glosario queda para volver. Reúne las palabras del método y abre la puerta a la Biblioteca.
Entra con el tiempo que tengas. La primera página se lee en tres minutos; las escenas, en diez; la teoría entera, en unos cuarenta. El Cuaderno, el tiempo que tú consideres.
La primera parte se lee. La segunda se hace. Un PSYKOAN no termina cuando entiendes la pregunta: ahí empieza el trabajo.
El Cuaderno lleva la pregunta a nueve situaciones concretas de tu vida, para trabajarla allí donde ocurre. Los nueve ejercicios son los mismos en los dieciséis libros; lo que cambia es el territorio que se trabaja, y cada uno lleva su propio nombre.
No tienes que imaginarte nada. No tienes que aprenderte nada.
Tienes que mirar. Y escribir.
Van en orden, porque cada uno deja algo que el siguiente recoge. Empiezas en el cuerpo, antes de que nadie te explique nada. Separas lo que depende de ti de lo que esperas de otros. Buscas el instante entre lo que ocurre y tu respuesta. Vuelves a la escena en la que aprendiste a hacerlo así. Te quedas un rato sin la palabra con la que te defines. Cuentas, como el Rey Salomón, algo que ya haces. Te pones delante de otra persona. Pasas un día entero presente. Y al final escribes lo que crees que va a pasar, lo haces y comparas.
Cada Cuaderno tiene seis partes: antes de empezar, el diario, los nueve ejercicios, la mente que te habita, tu siguiente paso y las hojas del diario con la autoevaluación.
Dos ejercicios, para que veas cómo funciona
De dos libros, con el mapa de cada uno.
La Disolución · Ejercicio 3 · Función · El Místico
El vaso de agua. Lo que se posa si dejas de moverlo.
Medio vaso de agua, una cucharadita de tierra, y remueve: en dos segundos está turbio entero. Es lo que pasa cuando entras en una habitación cargada o alguien llega alterado. El cuerpo pide tirarlo o seguir removiendo. Haz una tercera cosa: déjalo en la mesa y no lo toques. Cuando vuelvas, el agua está clara y la tierra, posada. Lo que entró no hacía falta sacarlo; hacía falta dejar de moverlo. Y el vaso eres tú.
Y queda abierta¿Qué hay en mí que sigue siendo lo mismo cuando el agua se aclara?
Soy Yo · Ejercicio 2 · Función · El Rey
Lo que está en tu mano. La obra y el aplauso.
Epicteto lo formuló con claridad: hay cosas que dependen de ti y cosas que no. Piensa en algo que tengas entre manos y traza una línea en la libreta. A un lado, lo que puedes decidir, hacer, decir, cuidar. Al otro, que lo vean, que les guste, lo que digan. Mira cuánta energía pones en cada columna: deja de regar el jardín del vecino y vuelve al tuyo.
Y queda abierta¿Qué harías distinto si pusieras tu atención solo en lo que está en tu mano?
El diario
Lo más valioso del Cuaderno. El que escribe, estuvo.
Escribir no es anotar lo que pasó: es volver a trabajar la situación, con sentido.
Técnicamente, esto es lo que sucede: al escribirla, tu marco mental se amplía, y ese estado de consciencia te permite acceder al potencial psíquico que trae el arquetipo. Por eso el diario genera autoconsciencia.
Necesitas una libreta propia, la misma para todos los libros que hagas. Cada escena se escribe en el momento, en pocas líneas y tal como salga: qué decidiste, con quién estabas, qué hizo tu cuerpo y qué te dijiste por dentro.
Una escena sola quizá no diga mucho. Pero cuando las juntas y vuelves a ellas semanas después, aparece el patrón.
Nada se corrige. Y una página en blanco también cuenta.
Si vienes a consulta, trae la libreta: nada cuenta mejor lo que has hecho. Las consultas